LOST IN NON-TRANSLATION


Corea del Sur es uno de esos lugares que no deja indiferente, un país y una cultura que dejan huella. Podría decirse que en la experiencia vital de aquellos que hemos pasado por allí existe un antes y un después de Corea, un #before y un #aftergagnam.

En mi caso y creo que no me equivocaría al decir que es también el de tantas otras personas, uno de los factores que primero y con mayor fuerza percibí fue la marcada dualidad que existe en la sociedad y la cultura coreana contemporánea. El gran contraste existente entre su tradición y su modernidad, entre sus antiguas costumbres y la arrolladora influencia americana que llegó tras la Guerra de Corea en los años 50. Un carácter polar que cala en todos los estratos de la sociedad y que se ve reflejado en las obras que conforman esta exposición; pasando de una las formas de ocio más tradicionales de Corea, los baños públicos o Jjijmjilbang, a las adictivas máquinas de ganchos o “claw machines”, que han proliferado exageradamente en los últimos años. Una característica esencial, su polaridad, que también se percibe de manera evidente en la gran metrópolis de Seúl.

Cuando conocí a David Crespo, llevaba poco más de diez días en la ciudad. Había llegado allí para desarrollar su proyecto “Life After Gagnam”, centrado en uno de los elementos mejor conocidos de la cultura surcoreana a nivel mundial, el K-Pop. Un trabajo que partía de aquel pegadizo single de 2012 que hemos escuchado hasta la saciedad, cuya coreografía muchos seguimos siendo incapaces de imitar y que toma su nombre de uno de los barrios financieros más importantes de la ciudad, el Gagnam Style del rapero PSY.

La atmósfera que se vive en distritos como este, poblados por enormes rascacielos y avenidas transitadas por ejecutivas y ejecutivos que pasean sus cafés americanos al salir y entrar de la oficina, nada tienen que ver con otros barrios más humildes de la ciudad, compuestos por pequeñas viviendas de ladrillo de dos pisos de altura, que se acumulan en colinas de forma desordenada y en cuyas calles no sería difícil encontrar a alguna que otra madre o abuela de familia preparando grandes cantidades de kimchi a las puertas de su casa.

Gagnam hace pensar en las grandes metrópolis de los Estados Unidos y el marcado capitalismo que late hoy en día en Seúl. Geumcheon, donde residió el artista durante su estancia en Corea, es testigo de una realidad muy diferente; de fábricas y mercados y de modos de vida alejados de los lujos y el consumismo, que parecen mantenerse a salvo de la globalización y la gentrificatción que acechan a gran parte de la ciudad, como lo hacen en tantas otras metrópolis de todo el mundo.

Como resultado de la experiencia directa del artista y de la mirada crítica con la que analiza su entorno,Geumcheon style desvela una realidad oculta para muchos, partiendo de un referente fácilmente reconocible para casi todos, consiguiendo así reinventarlo para desmontar ideas preconcebidas y estructuras establecidas, con el toque lúdico e irónico que caracteriza su trabajo.

Fue también gracias a esa misma experiencia en aquel distrito de Seúl, que pude ver por primera vez a David Crespo en acción. Era la segunda vez que nos encontrábamos. Él lucía un traje de Pikachu, fácilmente reconocible entre las monocromas y oscuras vestimentas de los coreanos que le rodeaban, mientras yo disfrutaba de su K-Rumba Troll entre las miradas atónitas de algunos de los vecinos y visitantes que se acercaron al open studio de aquel día. Un happening que él mismo ha terminado definiendo como “una pequeña venganza”. Una vendetta que ejecutó de manera lúdica, convirtiendo en sus secuaces a un grupo de estudiantes coreanas -creo recordar que de un instituto cercano-, demostrando que “acción” debería ser una de las palabras fundamentales a la hora de definir su trabajo.

Aquella inmersión coreana de tres meses dio para estas y tantas otras reflexiones y acciones, para tantos temas, conflictos y vivencias, para descubrir aspectos fundamentales de la sociedad y la cultura coreana actual, como la verdadera situación que se vive en Corea del Sur en su relación con Corea del Norte y que plasma muy bien enPing Pong Border. Una intensa experiencia que se refleja en esta y en cada una de las obras que forman parte de su nueva exposición.

Ahora queda por ver lo qué le deparará su vida después del #lifeartergagnam.



Esperanza Pino

historiadora del arte y agente cultural